jueves, 30 de octubre de 2008

El Chocolate del Diablo

Dice mi mamá que en las noches, cuando se escucha un silbato de esos industriales, allá por la barranca, avientan un chorrote de lava, que debe ser el desecho de la planta de cobre y que la gente de por aquí llama a ese río de fuego líquido: el chocolate del diablo. Cuando le pregunté a mi mamá por qué, me dijo que le preguntara a doña Carmelita, que es lo que hace mi mamá cuando no me puede dar una respuesta: mandarme con doña Carmelita.

Dice doña Carmelita que una noche don Rodrigo andaba de farra, que es la palabra que utiliza doña Carmelita para decir que el borrachín de Rodrigo andaba de pedo. El caso es que don Rodrigo andaba de pedo deambulando por la barranca y que en eso se escuchó el silbato nocturno que avisa que ahí va la lava, pero que el señor no lo escuchó porque clarito vio a un hombre tirado de frente a la barranca, como abrazándola, y con la boca abierta hacia la cima. Don Rodrigo le preguntó que qué hacía y el señor se levantó y le dijo que ya había sonado el silbato con el que le avisan que ahí va su chocolate. Que ¿cuál chocolate? preguntó Rodrigo. Que pos ese que le avientan en las noches cuando suena el silbato de la planta de cobre y que es su merienda. Don Rodrigo no le creyó y el señor ese que lo reta. Que le dice, ¿cuánto apuestas? Y Rodrigo, pos mi mezcal. Y el señor, pos va, nomás tiéndase así como yo estaba y ya verá que la boca se le llena de chocolate. Nadie volvió a ver a don Rodrigo. Al menos es lo que me contó doña Carmelita cuando le pregunté por qué le dicen el chocolate del diablo a la lava de la planta de cobre cuando la echan por la barranca, que es lo que hace doña Carmelita cuando le preguntan cosas que no sabe responder: contar historias.

Dice doña Carmelita que al día siguiente de que se desapareciera don Rodrigo se apareció en el barrio un señor bien galán, todo bien vestido y hecho una finura de tacto y modales. Que comenzó a recorrer las casas de las viejitas que se la vivían en la Iglesia y que siempre andaban pregonando sus refranes de abuelita. Que el señor se las llevó y que nadie más volvió a verlas. Eso me contó doña Carmelita cuando le pregunté cómo supo qué pasó con don Rodrigo si nadie lo volvió a ver, que es lo que hace doña Carmelita cuando le preguntan cosas que no quiere responder: contar historias.

Dice doña Carmelita que ella vio al señor ese, que le tocó a su puerta y que le dijo lo que le dijo a todas, ya ve, doña, usted siempre dice que no hay borracho que trague lumbre y anoche don Rodrigo se comió mi chocolate. Pero que ella le dijo al señor ese que don Rodrigo no estaba borracho cuando se tragó el chocolate. Que la noche anterior, cuando sonó el silbato de la planta de cobre, Rodrigo mismo le dijo, Carmelita, amor, ora sí te juro que no vuelvo a tomar y que no lo volvió a ver. Después de contarme eso, doña Carmelita se quedó dormida, que es lo que hace después de contar sus historias.

Dice mi mamá que parece que doña Carmelita no se va a morir nunca, que ya tiene muchos años y que sigue sana. Dice también que dicen las viejitas del barrio que doña Carmelita ya era una viejita cuando murió don Rodrigo, su marido. Que dicen las viejitas que es porque le prometió al diablo que se iría con él cuando se murieran sus nietos, pero doña Carmelita nunca tuvo hijos. Dice mi mamá que son cuentos de viejas, que doña Carmelita sigue viva porque todas las noches, cuando suena el silbato de la planta de cobre, se merienda su pancito dulce con su chocolatote, que es lo que hace mi mamá cuando no me quiero acabar la cena: hablarme de doña Carmelita y su chocolate.

lunes, 27 de octubre de 2008

Pétalos de Piel

Me sofocaste con tus pétalos de piel
y mis párpados se abrieron por instinto
en el instante justo
para mirar tu sonrisa
cómplice de tu palma izquierda
que te mordía el seno derecho
mientras uno de tus dedos diestros
digitaba bajo tu selva bonsái
abriendo el flujo
que me enjuaga los besos.

domingo, 26 de octubre de 2008

Literatura Cataléptica

Si usted está leyendo esto es porqué está legalmente muerto.

No grite, de todos modos nadie lo puede oír; en su defecto podría matar del susto a quien le escuche; quien sabe, tal vez a un ser querido durante su propio funeral. No creo que eso sea algo que usted quiera llevarse a la tumba... literalmente.

Mejor tranquilícese, respire poco; el aire no es barato en estos sitios; de hecho, ya hemos comenzado a reciclar.

¿Sabía usted que, antiguamente, enterraban a la gente con una cuerda atada a la muñeca y unas campanillas del otro extremo y fuera de la lápida? ¡Ah, que tiempos aquellos! ¿No es verdad que hubiera preferido vivir sin microwave, sin Internet, sin CD, PC, DVD ni MP3 a cambio de haber sido enterrado con unas campanitas de aquellas atadas a la muñeca? ¡Bendita ignorancia! ¿No?

Imagino que dejaron de hacerlo por respeto a los sepultureros. ¿Se imagina una noche de viento en el panteón? Ni modo de sacarlos a todos para ver si alguno está vivo. A mí me causa gracia la imagen de un día lluvioso, las campanillas hacen fiesta porque todos los difuntos quieren escurrir lluvia por el descarnado...

Cambiando de tema. ¿Cómo está su manicure? Espero que sus deudos no hayan escatimado en esto, pues dicen algunos que cuando escasea el oxígeno le da comezón al ataúd y uno debe rascarle pronto la madera, antes de quedar contagiado de esta roña y caer en la trampa de restregar la cara contra los dedos; esto sólo hace que el malestar penetre a los músculos faciales y se convierta en vitíligo o en maldeltopo.

El Síndrome del Topo, o maldeltopo, consiste en la imperiosa necesidad de cavar, excavar y socavar. A veces la Mafia Italiana la provoca en sus condenados para que sean ellos quienes caven sus propias fosas y el sicario no ensucie su impecable Armani. Pero cuando un cataléptico que la padece y se topa con la madera al intentar cavar, brota en él creencia de que la cura se halla en un punto no definido entre la epidermis y la dermis del rostro propio. Por eso es que suelen enterrar las uñas en su frente, justo debajo del cuero cabelludo, y trazan surcos desde ahí hasta la barbilla. También se sabe que los músicos que la padecen, aun cuando jamás se ejercitaron como artistas, se rasguñan pautas en el cuerpo.

Un buen manicure evita que los ojos se atoren en las uñas.

En realidad no sé porqué le estoy escribiendo esto si está muy oscuro para que usted lo pueda leer.
























(Nota: Si usted ya está muerto por favor haga caso omiso de la presente).

lunes, 20 de octubre de 2008

Hinchado de Ganas

Abrí los ojos hinchado de ganas.

Con 1 pincel cargado
dibujé tu silueta sobre tu piel.
Junté con una línea
los huesitos de tus tobillos,
                     de tu cadera
                       y tu clavícula
como inventando tu constelación.

Recorrí el contorno torneado de tu cintura.

Tracé un triángulo
de ombligo a pezón
a pezón a ombligo;
una línea en tu vientre
y una cinta de moebius
alrededor de tus pechos.

Subí por tu cuello
y en el rostro
te delineé los labios
hasta que abriste tu rostro
dilatada de ganas.

lunes, 13 de octubre de 2008

Desperté

Desperté
con la mirada rebotando en tus nalgas,
el aroma entre tus piernas,
                enterrado en mi nariz
y mis orejas escuchando a tus muslos
para rascarte la vulva
                                        con la lengua.

sábado, 11 de octubre de 2008

Sólo Vine a Dejarte unos Libros

Sólo vine a dejarte unos libros
y de paso a dejarte en paz.

Te traje también unas fotos,
tu forever y un adiós.

Perdón si no traigo calma,
creí que sería más fácil;
tampoco traigo kleenex,
por favor deja de llorar.

Para ti ya no hay mas yo,
tu nosotros lleva un él
y tú te ves tan tú.
tan más sin mí
que no sé qué pasó.

Sólo vine a dejarte unos discos
y de paso a dejarte ir.

Te traje también un beso,
no sé de donde salieron los demás.

Creí que sería más fácil,
te dejo mi tequiero
y tu yotambién en el buró.

Por favor deja de llorar,
pásame mis zapatos y mi pantalón,
deja que me lleve tu recuerdo,
deja que me lleve tu saliva,
deja que me lleve esa botella,
deja que me lleve la chingada...